Voy a duras penas, sin hogar y sin nadie que conozca. No es que sea un indigente, pero me han echado... Claro, soy yo quien se fue. Me gusta dibujar, y suelo hacerlo en túneles. A la gente le da igual... ¿Y a quién le importa? Hoy también empaqué una bolsa grande con pinturas, pinceles y un montón de cosas y salí de casa.
“Aún así... es la única alegría en mi vida-.”
Dibujé a una chica que se veía muy distinta a mí. Sonreía radiante, sosteniendo algodón de azúcar y un globo. Detrás de ella, dibujé pájaros. Eran de colores brillantes. Los pájaros la seguían. Entonces, me compadecí de mí misma. Nadie me seguía, y ni siquiera podía reír... Enfadada sin motivo, pateé el túnel.
"Ah...
Grité de dolor. Entonces, un hombre alto se me acercó pesadamente. Me daba miedo, su altura y sus hombros anchos. Vestía completamente de negro y llevaba un sombrero. Estaba oscuro, así que no podía ver con claridad, pero pensé que llevaba una sudadera con capucha y una gorra con capucha.
“¿Quién eres tú para patear el túnel de otro?”
Me quedé un poco desconcertado y, tras una breve vacilación, respondí.
“¿El túnel de otro…?” ¿Eres el dueño del túnel?

“¿Este túnel es de mi propiedad?”
Me quedé paralizado. Me di cuenta de que la razón por la que siempre volvía limpio después de mis grafitis era por este hombre. Este hombre, el dueño del túnel, no dejaba de mirarme fijamente y luego me fulminaba con la mirada.
“¿Es este el que dibujaste?”
Seguí reflexionando en silencio, luego bajé la cabeza y hablé. Había cometido un error, así que no tenía excusas. Pero no tenía adónde ir, así que, aunque era vergonzoso, sentí que no tenía otra opción.
“Lo siento… pero, ¿puedo dormir aquí esta noche…?”
Estaba un poco oscuro dentro del túnel, pero por la expresión del hombre, supe que estaba confundido. Se rascó la cabeza y me habló con calma.
¿Qué tal si nos vamos a casa a dormir? Hará un poco de frío.
Suspiré profundamente como para decirle que me escuchara, luego dije con una expresión lastimera que me hizo imposible evitar concederle su pedido.
“No tengo a dónde ir, por eso-..”
El hombre asintió levemente, como si no tuviera otra opción. Luego dobló ligeramente las rodillas, me miró a los ojos y me habló con una sonrisa.

No puedo evitarlo. No es que me gustes, sino que hago esto porque tengo miedo de que sea peligroso. Ven a casa conmigo.
