"¿Qué deseas?"
(Suspiro) “¿Yo?”
Él me preguntó.
"¿Es para tenerte?"
"¿Qu-qué?"
Mientras lo observaba hablar, me di cuenta de que, tal como un lobo persigue a su presa,
"Jajajaja, señora, ¿soy un psicópata?"
Dijo dándome una palmadita en la mejilla.
—¡No! ¿Qué hice mal?
Las lágrimas rodaban por mis mejillas. Él las lamió.
Él dijo esto.
“Nuestra Señora, de ahora en adelante llámame “Maestro””
