Septiembre
Él pasaba y ella seguía sin recordarme, empezó a tener pequeños recuerdos de su vida, pero yo no aparecía. Tuve que admitir que eso me hizo empezar a beber mucho y descuidar mi trabajo.
Recuerdo que era un día lluvioso. Entraba en una cafetería donde solíamos ir los fines de semana. Justo cuando pedí mi café, ella entró. Se veía hermosa, pero estaba muy confundida. Nos miramos y enseguida caminé hacia ella, la saludé y le pregunté si iba allí. Esta cafetería estaba muy lejos de su casa... su nueva casa. Solo respondió:
—No sé, iba caminando y acabé aquí. —Hizo una mueca, no sabía dónde estaba.
En ese momento no entendí lo que estaba pasando.
