Le gustaba jugar al escondite y tararear las intros de sus programas favoritos.
Saltaba sobre la cama y cantaba a todo pulmón.
Su cabello, suave como el algodón, estaba siempre suelto.
Ofreciéndote una imagen más vívida.
Más brillante.
Más ella.
La felicidad irradiaba su presencia.
