EOMMAAAAA, Unnie aún no se ha levantado." "Aigoo, niña perezosa, levántate, el autobús llega en diez minutos", llamó tu mamá desde la cocina de abajo.Arrastrándote de la cama, con la ropa arrugada y el pelo por todo el rostro, te escabulliste al baño, te cepillaste los dientes, te lavaste la cara y luego te apresuraste a bajar a la cocina, queriendo comer algo antes de maquillarte, ponerte un atuendo apropiado y salir.
Mientras saboreabas el sándwich de queso y jamón, subiste a tu habitación. Abrís el armario, rebuscaste varias prendas y las sacaste para que te quedaran bien, hasta que finalmente te decidiste por una. Un vestido amarillo con hombros al descubierto, un corpiño con dos extremos de tela para anudar en la nuca, mangas que terminaban en las muñecas y se abrían hasta las palmas de las manos, y una falda que se abría en las caderas y caía en cascada con volantes hasta unos centímetros por encima de las rodillas.

Combinaste el vestido con unas lindas sandalias blancas de tacón, te empolvaste el cuello y la cara y luego te pintaste los labios. No eras muy de maquillarte, no lo odiabas, pero tampoco te encantaba.
~15 minutos después
*Bajando las escaleras de plexiglás hacia la sala de estar, te despediste.
"¡Vuelve a casa sano y salvo!" escuchaste gritar a tus padres.
Cogiste el autobús justo a tiempo, dejando escapar un suspiro de alivio al pensar¡Uf! Casi me lo pierdo, y además en mi primer día de clases.El autobús se sacudió al pasar por un bache en la carretera y usted se balanceó con el movimiento, casi perdiendo el equilibrio.Gracias a Dios que no lo hicisteCasi caíste sobre un tipo con una impecable camisa blanca, corbata negra y el logo de tu escuela cosido en el pecho. Levantaste la vista y te encontraste con unos cálidos ojos marrones y una sonrisa perfecta...
