[Gunho Nafes] Observador de estrellas

Episodio 4. No veo tus obras.

La lluvia de meteoros siguió durante un buen rato.

Ya no caía con la misma nitidez que al principio, pero de vez en cuando una fina luz se deslizaba desde algún rincón del cielo. Cada vez, levantábamos la cabeza en silencio. Si nos la perdíamos, daba pena; si la veíamos, nos entraba una sonrisa tonta.

 

"¿Te acuerdas?"

 

Geonho rompió el silencio y abrió la boca.

 

"¿De qué?"

"De cuando insistías en que había que pedir tres deseos cuando cae una estrella fugaz."

 

Me eché a reír, sin poder creerlo. Era como si el aire entre nosotros se aflojara poco a poco.

 

"Eso lo dijiste tú primero."

"¿Yo?"

"Sí. Dijiste que pedir solo uno era una lástima, que mejor pensar tres de antemano."

 

Geonho soltó una risa baja.

 

"Por eso siempre pedías cosas raras."

"¿Qué tiene de raro? ‘Por favor, que desaparezca el examen de matemáticas, por favor, que no me descubran por comer helado a escondidas de mamá’. Para mi edad, eran deseos bastante realistas."

"Sí que eran realistas."

 

A los dos se nos escapó una risita.

Hacía años que no sacábamos ese recuerdo, pero en cuanto empezamos a hablar, salió con más facilidad de la que esperaba. Lo de memorizar las constelaciones cada uno a su manera y discutir por ello, lo emocionado que estaba Geonho desde el amanecer el día que fuimos al observatorio, las veces que, cuando yo me quejaba de que tenía frío, él me pasaba en silencio un lado de la manta.

 

"Has dormido muchas veces en mi casa también."

 

Dije yo.

 

"Sí."

"Mamá incluso te sacaba una colcha aparte. Al final casi era tu sitio."

 

Geonho soltó una risita baja.

 

"Te movías mucho al dormir."

"Qué va. Tú siempre me robabas la manta."

"¿Ah, sí?"

"Sí. Pero en algún momento dejaste de quedarte a dormir. Mamá decía que Geonho debía de estar ocupado últimamente, y eso."

 

Solo después de terminar de hablar miré su cara.

Geonho no estaba sonriendo. Fue solo un instante. La expresión que hasta hacía un momento se había aflojado con facilidad se había quedado rígida, apenas, como si algo lo hubiera atrapado. Duró tan poco que casi parecía que me lo había imaginado.

 

 

"Porque ya era mayor."

 

Dijo Geonho.

Con una voz lenta, despreocupada. O quizá un poco seca. Era ambiguo.

 

"No podía estar durmiendo siempre en casas ajenas."

"Entonces, ¿qué vas a ser mayor? En aquella época aún ibas a primaria."

"A mi manera, sí que lo era."

 

Geonho dijo eso y volvió a mirar al cielo. Su expresión enseguida recuperó la normalidad. Yo pensé que era un poco raro, pero no pregunté.

La noche era agradable, y hasta hacía un momento nos estábamos riendo.

 

Pero en algún momento dejaron de verse las estrellas fugaces.

En su lugar, empezaron a entrar en mis ojos las luces de la ciudad. Las ventanas de los apartamentos a lo lejos, las farolas al final del callejón, la luz amarilla que se extendía bajo la barandilla de la azotea. Antes pensaba que esas luces tapaban las estrellas, pero hoy, extrañamente, no me molestaban.

 

No está mal.

Pensé así, solo.

 

Me eché hacia atrás y apoyé las palmas de las manos en la tarima. Al sostener mi cuerpo con los brazos, la veta gastada de la madera me rozó la palma con aspereza. El aire fresco me acarició la nuca al pasar. Era una noche seca. Una noche extrañamente perfecta, ni calurosa ni fría.

 

Geonho seguía mirando el cielo, inclinado un poco hacia delante.

Eché un vistazo a su perfil. El puente de la nariz algo difuminado por la oscuridad, los ojos lentos mirando el cielo sin decir palabra. Incluso la manzana de Adán, que se movía de vez en cuando. Estaba claro que había cambiado con respecto a hace años, pero en momentos así parecía igual que siempre.

 

Cuánto tiempo.

Se siente bien.

Iba a decir algo así. Antes de que pudiera abrir la boca, la voz baja de Geonho sonó primero.

 

"¿Sabes que hoy me tocó mi drama?"

 

Con esas palabras sentí que el corazón, que estaba animado, se me hundía de golpe.

Me calmé al instante. No, más que calmarme, fue como si de repente se me despejara la cabeza. Volví a incorporarme desde la postura echada y me senté recto. Tardé un poco en notar de nuevo la aspereza de la tarima que me había quedado en las palmas.

 

"Sí."

 

Me acuerdo de que mamá veía tanto las reposiciones como los estrenos. Yo me había levantado y había ido a la habitación tal cual.

Mi respuesta salió más corta de lo que esperaba. Enseguida, Geonho giró la cabeza y me miró.

 

 

"¿Lo viste?"

 

No respondí.

El aire nocturno que hasta hacía un momento me había parecido perfecto se había vuelto extrañamente tibio. Sí, se me había quitado el buen humor de golpe.

 

"No lo viste."

 

Dijo Geonho.

Yo esquivé su mirada y miré al frente.

 

"Sí."

"¿Por qué?"

 

La pregunta que me hacía me irritó. ¿Lo preguntaba porque no lo sabía? ¿O porque quería oírlo aunque ya lo supiera? Geonho a veces era así. Con una cara que claramente conocía la respuesta, me hacía decirla a mí directamente.

Apreté los labios una vez y los solté.

 

"No voy a ver tus obras."

 

Geonho no respondió enseguida.

Odié ese silencio, así que seguí hablando a propósito, un poco más seco.

 

"No tengo ni motivo para verlas."

"……."

"Porque me da rabia."

 

En cuanto lo dije, el aire de la noche se quedó aún más callado.

Sentí su mirada. Pero yo seguí mirando al cielo hasta el final. Apenas se veían estrellas, y ya no caían meteoros. Las luces de la ciudad, que un momento antes me habían parecido aceptables, volvieron a resultarme molestas.

 

Después de un rato, Geonho dijo en voz baja:

 

"Tienes motivos para ello."

 

Entonces por fin giré la cabeza. Nuestras miradas se encontraron.

Pensé que iba a bromear. Que se lo iba a tomar a risa y me iba a decir algo como: ¿Por qué, me odias tanto? O que incluso sin que lo vieras, la audiencia estaba yendo bien, algo así, para salir del paso con ligereza.

 

Pero Geonho no sonrió.

 

Su cara era tan seria que, al contrario, me quedé sin palabras.

Por alguna razón, sentí que yo era el que estaba quedando peor. Fui yo quien dijo que no lo había visto, y yo quien dijo que le tenía rabia, pero no entendía por qué él se quedaba tan callado.

 

Volví a mirar al cielo. Al instante noté que la mirada de Geonho se apartaba de mí.

Ya no caían meteoros. Hasta hacía un momento, de vez en cuando una línea de luz se deslizaba, pero ahora solo flotaban tenuemente las luces de la ciudad.

 

"¿Te molesta?"

 

Pregunté yo.

Geonho tardó un momento y negó con la cabeza.

 

"No."

"No tienes cara de que no."

 

Se oyó una risa muy débil de Geonho, y luego volvió a caer un silencio pesado.

Qué cruel me parecía ese silencio. Más exactamente, me molestaba que siguiera callándose cuando llegaba el momento de decir algo importante. Ya lo había hecho hace años, también la vez anterior en esta azotea, y también ahora. Un tipo que no habla justo cuando debería.

Yo le lancé una mirada de reojo a esa nuca negra mientras rozaba despacio la veta de la madera con la palma. Una oportunidad más, solo una más te doy. Sin darme cuenta, tenía la palma sudada, hasta el punto de que la tarima se sentía húmeda.

 

"Tú."

"……."

"¿De verdad no pensabas decírmelo entonces?"

 

La pregunta salió más tranquila de lo esperado.

 

Geonho no respondió. Yo estaba demasiado sofocado con él mirando solo al frente. Cayó un silencio breve, casi como si me estuviera estrangulando. Me había acostumbrado tanto a ese silencio que, al contrario, se me calmó más el ánimo.

¿Estaría eligiendo la respuesta? Al pensarlo, extrañamente ya ni me salió reír. Quería enfadarme, pero parecía demasiado tarde para enfadarme por algo de hace tanto tiempo.

 

"Geonho."

 

Lo llamé en voz baja. Geonho, en silencio, volvió a girar la cabeza y me miró.

 

 

"¿No puedes decírmelo así, sin más, esta vez?"

"…."

"Yo todavía no lo sé."

 

La mirada de Geonho cayó hacia abajo. La punta de sus dedos se movió despacio. Como alguien que busca las palabras, o como alguien que se ve obligado a sacar a la fuerza algo que no quiere decir.

Ya iba a decir que dejara el tema.

 

Porque parecía que, por mucho que insistiera, no iba a obtener otra respuesta. Porque parecía que solo iba a estropear la noche que por fin se había vuelto agradable.

Pero Geonho habló antes.

 

"Sí que lo había."

 

Contuve el aliento.

 

"…¿Qué?"

"La intención de decírtelo."

 

La voz de Geonho era baja. Un poco más lenta que antes, y por eso mismo más clara.

Durante un buen rato no entendí esas palabras, ni se me ocurrió qué debía preguntar. Ante una respuesta tan desordenada, solo esperé a que continuara.

Quizá Geonho se dio cuenta de que yo esperaba, porque cerró los ojos un instante, respiró hondo y luego volvió a mirarme.

Yo tampoco aparté la mirada. Después, la boca de Geonho se abrió con vacilación. Inspiró muy brevemente y siguió hablando despacio.

 

"Fui."

"……."

"Hasta delante de tu casa."

"……."

"La noche antes de que os mudárais."

 

 


 

Continúa en el próximo capítulo,,, ^^/

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