MERAKI | VOTA POR BANGTAN

Parte 2


—Gracias, abuelita. Tú también estás muy guapa —la anciana le estrechó los brazos hacia el niño y éste gustoso se fundió en el abrazo.

—Vamos, mira un poco de televisión mientras yo recibo a los invitados — JiMin asintió efusivamente y corrió hacia el sillón a sentarse para luego encender el pequeño televisor. 

Al pasar dos horas, la mujer se sintió angustiada al no escuchar a alguien tocar la puerta. Sintió una gran tristeza en su interior, a su nieto no podía pasarle eso, siempre había sido un niño cariñoso y sonriente ante todo. 
JiMin se había dado de cuenta. No quería hacerlo y arruinar lo que quedaba de su día, pero se había percatado que nadie llegaría al no escuchar pasos acercándose a la puerta. 
Aún así, quiso esperar un rato más. Él estaba seguro que había colocado bien la fecha y la hora y que nada había fallado. Podría ser que algunos se quedaron atascados en el tránsito, o tal vez no. No lo sabía realmente.

El reloj marcó las seis de la tarde y JiMin dejó de esperar. Aquella pequeña chispa de esperanza se había apagado. 
Se levantó del sillón dejando la televisión encendida, caminó con un rostro tristón hacia la mesa que reposaba la tarta y las galletas. 

Y entonces lloró sin poder contenerlo. 
Lloró por no poder celebrar su cumpleaños como quería. 
Lloró por no tener a sus padres junto a él. 
Lloró por su torpeza al socializar, deseaba por lo menos tener un amigo con quien compartir maravillosas cosas. 

Su abuela se acercó a él y lo abrazó tratando de  consolarlo pero ninguna palabra reconfortante podía calmar al llanto lastimero del niño. 

Estaba bien que nadie haya venido, ¿cierto? La torta y las galletas serían sólo de él y de nadie más, pero sabía muy bien que eran muchas para él. 

Él había anhelado tanto que este día llegara rápido para atreverse a dar un paso hacia adelante, no hacia atrás.

Entonces tomó una galleta que reposaba en el plato y comió de ésta con enojo. Estaba enojado consigo mismo al hacerse ilusiones.
Cogió otra galleta para comer de la misma manera de la anterior pero esta vez tenía una mirada tristona.
Su abuela observó todo el espectáculo sintiéndose mal, aquellas galletas que su nieto repetía diciendo millones de veces que le reconfortaban en sus días malos, está vez era lo contrario.