TakiShot Life

Chờ chút 🙎🏻‍♀️

Liz despertó con sus energías renovadas, anoche estuvo despierta hasta que sus ojos se pusieron en contra de permanecer abiertos. La pequeña Liz de 2 y medio inicia la mañana con un desayuno ligero, disfruta su día con juegos imaginarios con su prima, arrastra su muñeca en el proceso, se arrastra en la tierra también, salta, ríe, se esconde, espera. 
Almuerza con su mamá, toma la siesta y despierta para más juegos, la tarde cae, la noche se acerca y Liz se emociona, se llena de esperanzas, de deseos, entonces se asoma a la ventana y mira hacia el exterior, tranquila se toma su tiempo en mirar a las personas que pasan, su mamá ignora esta actitud. 

Este comportamiento se repite por varios días, los días se convierten en semanas y su mamá la ignora, no quiere reconocer lo que hace su bebé, porque aún es pequeña y hermosa, llena de amor. Una rutina típica de esos días, Liz se sienta cerca de la ventana para reconocer a las personas que pasan por donde vive. El bus que pasa por su casa se detiene, descienden algunas personas y Liz contiene el aliento, mira alrededor pero su mamá no está a la vista, y quiere salir, tiene cosquillas en los dedos de las manos y en la planta de sus pies, abre la puerta y corre hacia las personas que descienden, es  ese momento en el que su madre ve la silueta de Liz  desaparecer fugazmente por la puerta de entrada, corre tras ella y puede comprender las actitudes de su bebé. Liz mira todos los rostros que le devuelven la mirada, todos irreconocibles, Liz susurra - ¿Dónde estas?- Y su madre responde: - aquí Liz - y la abraza. La toma en sus brazos y regresan a casa, Liz mira a su madre y pregunta -¿Cuándo va a llegar papá?- a lo que la madre responde - más tarde, pero debes dormir temprano ¿si?, tu papá se enojará si sabe que estuviste despierta hasta muy tarde, y también estoy muy asustada de que salieras de la casa, no quiero que te pase nada, cariño, eres especial para mí, eres especial para mamá- juntas volvieron a casa para cenar, se metieron a la cama a dormir. 

Cerraron sus ojos y Liz durmió, algunos minutos pasaron muy silenciosos, y la mamá de Liz salió de la cama, cerró la puerta de la habitación, en el baño imito el acto, se sentó en un rincón y lloró, lagrimas acariciaban el rostro de una madre joven, enamorada y desilusionada, aquel hombre al que amaba estaba desapareciendo, no era él mismo, contagiarse de los deseos de su hija la alentaron a llorar aún más, estos días se fueron repitiendo hasta que Liz dejó de sentarse en la ventana, de mirar a las personas que pasan por su casa, de querer salir por la puerta de entrada, Liz entendió que solo podía esperar tranquilamente y no debía buscar algo incierto.