[Gunho Nafes] Observador de estrellas

Episodio 1. Ahn Geon-ho

Era el camino de regreso a casa después de salir de la academia. En la entrada de un callejón oscuro estaba parado un hombre desconocido. Alto, con gafas de sol; mi conclusión era que cualquiera que se quedara allí a esas horas era sospechoso, sí o sí. Traté de apartar la mirada con toda naturalidad y apuré el paso. No nos crucemos, que siga de largo. Justo cuando me repetía eso por dentro, me sujetaron del brazo.

 

"¡Ah!"

 

Solté un grito por reflejo. El susto apenas duró un instante; una voz grave cayó baja junto a mi oído.

 

"Oye, oye. Soy yo."

 

Unos dedos bajaron apenas las gafas de sol. En el momento en que confirmé el rostro que quedó al descubierto, contuve la respiración por un segundo.

 

"An, An Geon-ho..?"

 

El nombre, pronunciado después de años, rodó extraño en mi boca. Había cambiado mucho con respecto al rostro que conocí de niño, pero sin duda era An Geon-ho.

 

Ese chico ya se había hecho adulto. Más alto que antes, con los rasgos más definidos. La voz, la mirada y hasta el tono bromista seguían iguales, pero el peso que llevaban dentro era distinto. Parecía que el paso de varios años se le hubiera quedado marcado solo a él, y con especial intensidad, en la cara.

 

 

"¿Por qué te sorprendes tanto? ¿Ya te olvidaste de mi cara?"

"Claro que me sorprendo. Apareces de la nada así."

 

Recién logré ordenar un poco la cabeza y respondí. Seguía hecha un lío. Hasta contar cuántos años habían pasado me parecía una cosa extrañamente nueva. Y aun así, por alguna razón, antes que la sensación de extrañeza me vino la de familiaridad. Ese tono despreocupado, esa costumbre de responder un segundo tarde a cualquier cosa que le preguntaran. No había cambiado en nada, pensé.

 

"Entremos. ¿Están tu madre y tu padre?"

"¡Oye, oye!"

 

Antes de siquiera escuchar mi respuesta, ya estaba caminando hacia la puerta principal. Miré un momento su espalda, aturdida, y luego lo seguí adentro.

 

-

 

Al entrar en la casa, la situación se puso todavía más rara. En cuanto mi madre vio a Geon-ho, se iluminó.

 

"Ay, ¿no eres Geon-ho? Vaya, te has vuelto todo un hombre."

 

Mi padre también se sumó desde al lado.

 

"Últimamente estoy viendo bien tus trabajos. Has crecido mucho como actor."

 

Geon-ho respondía cada vez con una sonrisa educada y repetía "gracias". Su soltura me resultaba, precisamente por eso, extraña. De niño no era así de relajado frente a los adultos. Yo, a su lado, solo iba sorbiendo mi jugo. No tenía dónde meterme en la conversación. O mejor dicho, no estaba preparada para meterme.

 

"Seguían viviendo aquí, ¿eh?"

 

Dijo mientras recorría la sala con la mirada. Su tono, bajo y tranquilo, seguía siendo el mismo que antes. Y, por alguna razón, esa calma me irritaba.

 

"Tú también. ¿A qué viene aparecerte por este barrio?"

 

Cuando pregunté eso, él solo sonrió de medio lado en vez de contestar. Esa sonrisa parecía querer esquivar algo, pero ya había perdido el momento de insistir.

 

Mientras iban y venían historias sobre lo que había pasado últimamente, sin darme cuenta el tema había pasado a mi madre y mi padre. Era el momento perfecto para escabullirme. Me levanté de mi sitio y fui en silencio hacia mi habitación.

No había dado ni unos pasos cuando sentí que alguien me seguía por detrás. Al mirar, era Geon-ho. Sin llamar la atención de mis padres, pero sin disimular demasiado, venía tras de mí con paso sereno.

 

"Oye, ¡es la habitación de una chica, ¿a dónde vas a entrar?!"

 

Me planté apresuradamente frente a la puerta. La verdad es que la habitación llevaba días sin ordenar y era un desastre. La mitad de mí no quería que viera esa imagen; la otra mitad estaba desconcertada por esa cercanía que había aparecido de golpe.

 

"Ah, ya veo. Disculpa."

 

Geon-ho se retiró sin poner pegas. Luego salió a la sala y saludó a mi madre.

 

"Creo que ya me tengo que ir. Volveré a pasar."

"Ay, ¿tan pronto? Ya era tarde, ¿eh?"

"Sí. Es una pena, pero volveré otra vez la próxima."

 

Al oír la puerta de entrada cerrarse, me quedé plantada en medio de la habitación. El rostro que había vuelto a ver después de años, ese tono de siempre, y hasta esa frase tan casual de "volveré otra vez la próxima". Todo se mezcló en mi cabeza sin orden alguno.

 

¿Que volverás otra vez?

 

Miré en silencio la espalda de ese chico alejarse fuera por la ventana. Aún no podía imaginar con qué cara se plantaría otra vez frente a esta puerta después de reaparecer tras tantos años.

 


 

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