Capítulo 5: Ruido en la cabeza
Desde la perspectiva de Suga-Min-yoongi
No sabía exactamente en qué momento se convirtió en un problema.
Al principio, fue fácil. Una nueva traductora. Otro miembro más del equipo. Profesional. Eficiente. Nada que lo sacudiera demasiado.
Pero desde que T/N llegó, algo empezó a hacer ruido.
No era su voz. Ni su presencia. Era su manera de mirarlo. Como si pudiera ver más de lo que él decía. Como si no se tragara su frialdad ni sus respuestas secas. Y eso, de alguna forma, lo desarmaba.
Especialmente hoy.
Le había mostrado una canción que aún no estaba lista. Algo que no solía hacer. Ni siquiera con los chicos. Era un demo íntimo, personal. Y ella... ella lo había entendido. No con tecnicismos. No con elogios vacíos. Lo *había sentido*. Y eso le jodía la cabeza más de lo que quería admitir.
—La soledad a veces se esconde incluso rodeada de gente —había dicho.
No podía sacarse esa frase de la mente.
Había algo en ella que no encajaba con la idea que él tenía de “personal de staff”. No era sumisa, ni neutral, ni callada. Lo desafiaba. Le discutía. Le decía las cosas como las pensaba, sin endulzar.
Y por alguna razón, no podía dejar de buscarla con la mirada cuando entraba al estudio.
No podía evitar notar cómo se ataba el cabello cuando se concentraba. O cómo sus labios se fruncían cuando leía en silencio. Pequeños gestos que antes le hubieran parecido insignificantes y ahora lo distraían más de lo que admitía.
—¿Estás bien? —preguntó Namjoon, que acababa de entrar sin que él lo notara.
—Sí. Pensando.
—¿T/N te dijo algo?
Suga lo miró, incómodo.
—¿Por qué preguntás eso?
Namjoon se encogió de hombros, divertido.
—Solo porque hace rato que no discutís con ella. Y tenés esa cara de “no sé qué siento pero no quiero sentirlo”.
Suga bufó, volviendo a mirar la pantalla.
—No pasa nada con ella.
—Claro —dijo Namjoon, sonriendo mientras salía—. Como digas.
Él se quedó solo otra vez, pero las palabras de su líder le resonaban más de lo que quería admitir.
Porque quizás... sí pasaba algo con ella.
Y ese pensamiento, más que asustarlo, lo empezaba a intrigar.
