Su traductora.

Capitulo 10: El beso



Capítulo 10:El beso
   Perspectiva de TN

La noche cayó sobre Berlín como un susurro lento, envolviendo la ciudad en una calma artificial. De regreso en la suite, el ambiente se sentía más cerrado que nunca. Como si el aire estuviera cargado con todo lo que no dijimos durante el día.

Yo me acomodé en el sofá con mi laptop. Estaba revisando algunas líneas del discurso que Suga debía dar al día siguiente, ajustando términos, afinando la traducción. Él estaba en su habitación, pero la puerta abierta dejaba ver su silueta moviéndose de un lado a otro.

Salió al rato, con el ceño ligeramente fruncido.

—¿Por qué cambiaste esto? —preguntó, señalando una línea impresa—. No usé esa palabra.

—La adapté. Sonaba más natural en el idioma —respondí, tranquila, sin apartar la vista de la pantalla.

—Pero eso no fue lo que dije.

—A veces no se trata de lo que dices, Yoongi. Se trata de lo que quieres transmitir. Y eso se pierde si me limito a traducir palabra por palabra.

Cerró el documento de golpe y lo dejó sobre la mesa.  
—No necesito que interpretes lo que siento. Solo necesito que lo traduzcas.

Esa frase me picó más de lo que esperaba.

—¿Entonces por qué me trajiste? ¿Podrías haber traído a cualquiera que hable los dos idiomas.

Él no respondió. Caminó unos pasos, visiblemente molesto. Yo también me puse de pie, cruzándome de brazos.

—No soy tu sombra, ni tu asistente personal. Estoy haciendo lo mejor que puedo con lo que me das. Pero no voy a disculparme por intentar que suenes más humano.

—¿Más humano? —repitió, acercándose—. ¿Y tú quién eres para saber cuándo dejo de serlo?

El silencio fue brutal. Nos miramos fijamente. Estábamos a escasos centímetros. Enojados. Respirando fuerte. Demasiado cerca.

—¿Sabes qué? —dije, con la voz baja pero firme—. No vine aquí a leerte la mente. Vine a trabajar. Pero desde que pisamos este lugar, no sé si estás luchando conmigo… o contigo mismo.

Eso lo desarmó un poco. Lo vi. Un cambio sutil en su expresión. El enojo seguía, pero debajo de él… había otra cosa.

Se acercó un poco más. Ya no había espacio.

—Tienes razón —murmuró—. No sé con quién estoy peleando.

Y entonces lo dijo.

—Estoy agotado de intentar controlarlo todo. Incluyéndote a ti.

No hubo un beso. No inmediato. Solo respiraciones entrecortadas. Miradas sostenidas. Su mano rozando mi mejilla apenas, como si aún dudara.

Yo no me moví. No lo alejé. Tampoco lo invité abiertamente.

Pero el momento ya estaba ocurriendo. Sin palabras. Sin explicaciones.

Él se inclinó. Despacio. Con intención.  
Y esta vez, no hubo nada que lo detuviera.

Sus labios rozaron los míos como una pregunta. Una que yo respondí sin pensar.

Fue un beso lento, contenido, lleno de rabia, deseo y algo más profundo que ninguno de los dos se atrevía a nombrar. Cuando nos separamos, él apoyó su frente contra la mía.

—Esto va a complicarlo todo —dijo.

—Ya lo está —susurré.

Y no lo lamenté.