Capítulo 9: La entrevista
Perspectiva de TN
La mañana en Berlín amaneció gris, pero con esa claridad suave que invita a la calma. Me vestí con algo formal, pero no demasiado. Sabía que la entrevista sería relajada, pero profesional. Suga estaba listo antes que yo, sentado en el comedor de la suite con un café en la mano y su celular en la otra.
—¿Dormiste? —preguntó sin mirarme.
—Más o menos.
—Yo tampoco.
No dijo más. No hacía falta.
Bajamos juntos, escoltados por el staff del evento, y pronto estábamos en un estudio amplio, lleno de cámaras, luces y un equipo de producción que parecía moverse en perfecta coreografía. Me ubiqué donde siempre: fuera de plano, pero lo suficientemente cerca como para traducir si era necesario.
La entrevistadora, una mujer alemana de voz suave y sonrisa ensayada, le ofreció una taza de té y empezó con las preguntas típicas: el nuevo proyecto, su proceso creativo, la evolución de su sonido. Él respondió con precisión, con ese tono pausado y cerebral que usaba para la prensa.
Yo traduje todo en mi cabeza, aunque él no me necesitara.
Hasta que surgió la pregunta incómoda.
—En tus letras se perciben emociones muy personales. ¿Hay alguien que influya directamente en eso, actualmente?
Lo vi levantar una ceja, apenas. Luego esbozó una sonrisa breve.
—Siempre hay alguien —respondió—. No necesariamente una persona específica. A veces es una voz, una presencia… algo que te lee sin que hables.
Sentí la mirada. No directa. No obvia. Pero fue real. La sentí como una presión sutil en el pecho.
La entrevistadora pareció intrigada, pero siguió adelante.
El resto de la charla fluyó, y cuando finalmente terminaron, él se acercó a mí con esa calma suya que a veces es más intensa que cualquier palabra.
—¿Nos podemos escapar un rato antes de volver al hotel? —preguntó.
Lo miré, confundida.
—¿A dónde?
—A caminar. Solo eso. Quiero aire.
No supe decir que no. No quería.
Terminamos en una calle tranquila, cerca del río. Él llevaba la capucha puesta y las manos en los bolsillos. Yo caminaba a su lado, sin saber qué decir.
—Estuviste brillante —le dije al fin.
—Gracias. Pero me distraje fácil últimamente.
—¿Por qué?
Se detuvo. Me miró.
—Porque no sé separar lo que siento de lo que pienso cuando estás cerca.
El corazón me dio un vuelco.
—Yoongi…
—Tranquila. No voy a cruzar ninguna línea. Solo quería que lo supieras.
Nos quedamos en silencio, mirando el agua. La ciudad seguía su curso, pero para mí, el tiempo se detuvo justo ahí.
Él no me tocó. No dijo nada más.
Y, sin embargo, sentí que algo importante había cambiado.
