Hoseok
23 de Julio Año 10
Todo sucedió cuando conté hasta cuatro. Estaba
contando algunas frutas, o eran tomates o melones. No
estoy seguro. "Cuatro". Tan pronto como lo dije, una
visión de mi infancia apareció ante mis ojos. Estaba
tomando las manos de alguien.
El primer día que fui a un parque de diversiones con
mamá. Me fascinaron las coloridas banderas y el
boulevard de tiendas. La gente vestida como payasos me
saludaba, y la música excitante resonaba en cada esquina.
Mamá se detuvo frente a un carrusel. Los caballos
blancos daban vueltas y vueltas bajo las luces encendidas.
Estaba a punto de preguntar: "Mamá, ¿estamos aquí para
montar esto?" Cuando alguien me llamó. "HoSeok".
Levanté la vista.
Fue mi maestro. Mis compañeros de clase me
miraban desconcertados. La visión de mi infancia
desapareció. Mi maestro me instó a continuar, y comencé
a contar de nuevo. Cinco. Seis. Mamá apareció de nuevo
ante mis ojos. Se veía exactamente igual que hacia un
minuto. Su rostro estaba sombreado mientras estaba de
pie frente a la luz, y una brisa avivaba su cabello. Mamá
me entregó una barra de chocolate. "HoSeok, cierra los
ojos con fuerza y no los abras hasta que cuentes hasta
diez".
Siete. Ocho. Nueve. Me detuve allí. Mi profesor hizo
un gesto indicándome que continuara. Mis compañeros me miraron de nuevo. Abrí mi boca, pero no salieron
palabras. La cara de mamá se puso borrosa. Sentí como
si ella nunca iría a buscarme si terminara de contar hasta
diez. Caí al suelo.
Tae Hyung
29 de diciembre Año 10
Me quité los zapatos, arrojé mi bolsa al suelo y corrí
a la habitación. Papá estaba realmente en casa. No tuve
tiempo para pensar cuántos días había pasado fuera y de
dónde venía. Simplemente me tiré a sus brazos. Todo se
volvió borroso a partir de ese punto. No estuve seguro si
primero olí el licor en su aliento, lo escuché maldecir o
sentí la abofeteada en mi cara. No comprendía lo que
pasaba. Sus ojos estaban inyectados en sangre y tenía la
barba desaliñada. Una fuerte mano me golpeo el rostro
"¿Qué estás mirando?" Me abofeteó de nuevo. Papá me
agarró por los hombros y me levantó, estaba casi cara a
cara con él. Con ojos oscuros, tenebrosos y una
apariencia descuidada. Él no era mi padre. Bueno, lo era.
Pero él no estaba. Mis pies colgaban en el aire y estaba
tan asustado que ni siquiera podía llorar. Al momento
siguiente, mi cabeza golpeó la pared con fuerza y me
desplomé al suelo. Se sentía como si mi cabeza se hubiera
quebrado. Apenas podía ver. Todo se volvió oscuro.
Ji Min
6 de abril Año 11
Salí por la puerta principal del Grass Flower
Arboretum solo. El cielo estaba nublado y hacía un poco
de frío. Pero me sentía bien. Era un día de picnic en la
escuela y, como de costumbre, mis padres estaban
demasiado ocupados para acompañarme. Eso me
desanimo. Pero recibí una nota máxima en el concurso de
dibujo de flores, y todas las madres de mis amigos me
dijeron: "Eres muy maduro y amable". Pensé que era muy
genial.
"JiMin, espera aquí. Solo será un minuto", dijo mi
maestra después de que concluyera el picnic y nos
preparábamos para dejar la arboleda. No esperé, Sabía
que podía encontrar el camino por mi cuenta. Me aferré
a las correas de mi mochila con ambas manos y di pasos
seguros. Todos parecían mirarme fijamente, así que
mantuve mi espalda recta. Después de caminar un rato,
comenzó a llover. Mis compañeros y sus madres se
habían ido, y nadie me prestó atención. Me dolían las
piernas, así que me agaché debajo de un árbol. La lluvia
comenzó a caer con más fuerza. Estiré el cuello para
comprobar si alguien venía de cualquiera de los lados,
pero no había nadie alrededor.
Comencé a correr, sosteniendo mi mochila sobre mi
cabeza con ambas manos. La lluvia seguía cayendo cada
vez más fuerte. Mis pantalones se empaparon con la
llovizna después de unos pocos pasos. Ninguna tienda,
casa o parada de autobús apareció a la vista. En la lejanía, pude ver una puerta. Corrí hacia allí sin pensar. Mis
manos se sentían entumecidas por sostener la mochila.
Estaba empapado, y mis dientes castañeteaban. En la
parte superior de la puerta había un cartel que decía Grass
Flower Arboretum. Era la puerta trasera y había un
pequeño almacén justo detrás.
Seok Jin
21 de julio Año 12
La puerta de entrada se seguía abriendo y cerrando.
Seguí observando, sentado en la sala de espera del
aeropuerto. Pasaban personas con maletas, algunas con
lentes de sol. La pantalla electrónica cambiaba con las
llegadas, retrasos y cancelaciones de las aerolíneas. El
conductor murmuraba con los ojos fijos en su celular.
"No hay noticias de él todavía". Miré mi reloj. Pasó más
de una hora desde que mi padre prometió que llegaría.
Desde que puedo recordar, siempre he estado solo.
Papá estaba ocupado y mamá se mostraba indiferente.
Me dijeron que me limitara a hacer lo que me decían y
que no intentara nada más. Cuando desobedecía, me
regañaban en silencio. Quería complacer a mis padres.
Mamá murió no hace mucho. Papá me dijo que no
llorara y él mismo no lloro. Traté de obedecerlo, pero no
fue fácil. Decidió enviarme con mi abuela materna en los
EE. UU. Y no parecía demasiado triste por eso.
El chofer de mi padre me entregó mi pasaporte. Era
hora de irme. Miré hacia atrás mientras me dirigía a la
puerta de salida. La puerta de entrada se cerró. El
conductor me saludó y el avión finalmente comenzó a
acelerar en la pista. Papá no llego.
Miré por la pequeña ventana junto a mi asiento. Las
nubes pasaron y el cielo se volvió oscuro. La azafata me
trajo una comida, y la taza de jugo cayó cuando hubo una
turbulencia. Nervioso, pedí algunas servilletas. La azafata me preguntó si estaba bien. Mi arroz frito y mi
carne estaban empapados en jugo. Mis manos estaban
pegajosas y mis pantalones mojados. "No", le susurré de
vuelta, pero la azafata no pareció escuchar. Ella dijo que
no me preocupara mientras me quitaba la bandeja. Asentí
y seguí mirando hacia el suelo.
Nam Joon
21 de junio Año 16
Salí corriendo por las escaleras desde el piso 13.
Estaba sin aliento y me temblaban las piernas. Me
derrumbé en la sombra de la entrada del conjunto de
apartamentos. Comencé tarde hoy porque la escuela duro
más de lo habitual, tuve que ir a toda velocidad para pegar
los folletos en los cuatro edificios antes de la fecha límite.
Si no lo hacía, mi jefe me esperaría con una larga platica.
Le había persuadido laboriosamente para que contratara
a un estudiante de secundaria. Por supuesto, No podía
dejar que me despidieran en este punto. Mamá renunció
a su trabajo en el restaurante la semana pasada. Tuvimos
que pagar las facturas del doctor por papá, por no
mencionar la electricidad y el gas vencidos. Seguí
asintiendo desde la sombra. Había niños jugando al
baloncesto en la distancia. Me levanté de nuevo. Hora de
correr. Me dije a mí mismo que Debía hacerlo. Yo puedo
hacerlo.
Yoon Gi
19 de septiembre Año 16
Las llamas devoraban mi casa. Justo esa mañana,
estaba completa e intacta, pero ahora estaba en llamas.
Las personas que me reconocieron corrieron hacia mí,
gritando palabras ininteligibles. Los vecinos agitaban sus
pies nerviosamente. El camión de bomberos no podía
llegar hasta mi casa porque el acceso estaba bloqueado.
Me quedé allí congelado. Era el final del verano y los
primeros días de otoño. El cielo era azul y el aire era
fresco. No sabía qué pensar, qué sentir o qué hacer. De
repente, pensé en mi mamá. En ese instante, mi casa se
derrumbó con un estruendo. Estaba completamente
envuelta en llamas. O, mejor dicho, ella misma era una
llamarada gigante. El techo, los pilares, las paredes y mi
habitación todo se derrumbó uno a uno como si
estuvieran hechos de arena. Todo lo que pude hacer fue
mirarlos con ojos vacíos.
La gente pasaba junto a mí. Los oí decir que el
camión de bomberos había finalmente llegado. Alguien
me tomo por el hombro y me preguntó con urgencia:
"¿Hay alguien ahí?" Solo le miré fijamente. "¿Está tu
madre ahí dentro?" Ella me sacudió con fuerza por el
hombro. "No, no hay nadie". Me oí decir. "¿Qué quieres
decir?" Era una de las señoras de mi vecindario. "¿Qué le
pasó a tu mamá? ¿Dónde está ella?" "No hay nadie". No
estaba seguro de lo que estaba diciendo. Alguien pasó a
mi lado otra vez.
Jungkook
11 de septiembre Año 17
Espere todo el día, pero la tarjeta de cumpleaños no
llegó. Abrí el cajón inferior y levanté una libreta para
encontrarme con cuatro cartas. Jungkook, feliz
cumpleaños, de papá. Leí estas cinco palabras una y otra
tiempo.
Era invierno, y yo tenía 7 años. Unas voces en la sala
me despertaron. Mi habitación estaba en el ático, y pude
llegar hasta el dormitorio de mis padres abriendo la
puerta corrediza y bajando los cinco escalones. Extendí
la mano para abrir la puerta y me detuve. Aunque todavía
era joven, podía sentir la pesada atmósfera que se filtraba
de la habitación, supuse que no era un buen momento.
Papá dijo que era demasiado difícil seguir adelante y
que el mundo era demasiado pesado para él. Mamá no
respondió. Probablemente estaba llorando en silencio o
no se movía en absoluto. Se produjo un largo silencio.
Papá dijo que sería aplastado si seguía viviendo así y
debía irse ahora. Mamá protestó vehementemente,
diciéndole que era un hombre irresponsable. Entonces, oí
mi nombre. "¿Qué pasara con JungKook?" Esperé mucho
tiempo detrás de la puerta, pero papá no respondió.
Entonces oí el sonido de la puerta abriéndose. "soy
completamente indiferente, no hay nada que pueda hacer
por él". Esas fueron las últimas palabras de mi padre.
Subí corriendo las escaleras hasta el ático. Moví mi
silla contra la pared justo debajo de la ventana. Me paré en ella. Papá estaba caminando por la pendiente. Primero
desaparecieron sus piernas, y luego su cintura, pecho y
hombros. Parecía como si un mundo desconocido más
allá de la carretera se lo tragara lentamente.
Alguien abrió la puerta de mi habitación y yo
instintivamente empujé el cajón con mi pie. Era mamá,
ella dijo que nunca llegaría una tarjeta y que mi padre era
ese tipo de persona. Era su repertorio habitual. Papá era
débil, incompetente y, lo más importante, era un
inadaptado social que nos abandonó... Ella tenía razón,
Ninguna tarjeta de cumpleaños llegaría, nunca. Yo era
aquel mundo insoportable y su pesada carga, el mundo
que abandono. Un niño por el cual no estaba dispuesto a
soportarlo todo. Ese era yo.
